Palabras de Bernardo Kliksberg – Director Académico del PAS


bkLos avances formidables en la ciencia y la tecnología en los últimos años han multiplicado las posibilidades de dar una vida digna a todos los habitantes del planeta.

Los cambios radicales en áreas como la nanotecnología, la biotecnología, la computación, la informática, las comunicaciones, la robótica, la ciencia de los materiales, la microelectrónica, la logística, y muchos otros han expandido las capacidades para producir bienes y servicios.

Sin embargo, la mitad de la población del mundo vive bajo la línea de la pobreza, una quinta parte está en pobreza extrema (gana menos de 1.25 dólar diario), hay 1025 millones con hambre, 900 millones sin agua potable, 2800 millones sin un baño, y 1500 millones sin energía eléctrica.

Mueren 10.000 por día de acuerdo a Unicef, por desnutrición o por tomar agua contaminada. Son 4 millones por año. Hay el mayor número de jóvenes desocupados después de la crisis mundial de 1930. Prosiguen las discriminaciones contra la mitad del planeta, las mujeres. Son severamente discriminados los pueblos indígenas, los gitanos, la población de color, los discapacitados, y los ancianos. Con avances, los derechos a la educación y la salud son ilusorios para gran parte de la población. Esta brecha entre lo que el mundo podría hacer con sus nuevos progresos en ciencia y tecnología y lo que sucede, tiene explicación entre otros factores en los niveles altísimos de desigualdad.

 El 1% más rico es el dueño del 43% de los activos del planeta. Del otro lado el 50% más pobre tiene menos del 2%. La encíclica Caritas in Veritate (2009) llama a este panorama “El escándalo de las disparidades hirientes”.

Va en aumento. En el 2012, los 40 más ricos del planeta ganaron según la Agencia Bloomberg, 241.000 millones de dólares más. Según Unicef, con sólo 0.25 centavo de dólar se puede dar a un niño hambriento una tasa de micronutrientes con todos los que necesita. Muchísimas investigaciones han demostrado que las grandes desigualdades son decisivas en la producción de la pobreza, el hambre, la desocupación masiva, y la exclusión.

¿Es posible enfrentarla? ¿Es posible asegurar vida digna a todos?

Hay claros ejemplos de que sí. Los éxitos de los países nórdicos, los líderes planetarios en Desarrollo Humano, los logros en países asiáticos que han sacado de la pobreza a millones y garantizado salud y educación, los progresos en el UNASUR en la última década en inclusión de grandes sectores excluidos, lo indican.

Es imprescindible que estos temas, los que más preocupan a los pueblos, estén en el centro de la formación de los graduados de las Universidades latinoamericanas, y argentinas y que las Universidades generen cada vez más investigación, casos nacionales, aportes para el debate, que ayuden a la sociedad a marchar hacia el ideal totalmente mayoritario hoy en América Latina, de construir “economías con rostro humano”.

Fuente: Programa Nacional "2000 jóvenes por una economía con rostro humano"  (Marzo, 2014) - Argentina